Desde pequeña he sentido el peso de esta pregunta.
Sin embargo, cuando la verdad irrumpe, el camino que parecía predeterminado se deshace.
Aprendí que hasta que no exorcizamos nuestra propia historia, no conocemos la libertad, y que solo el amor la vuelve real.
Esta es la historia de un sueño de infancia que insistió hasta hacerse encuentro.
Cuando la quietud habla, el alma reconoce a quien esperaba.
No crean nada de lo que aquí lean; no hace falta.
Mantengan, eso sí, la mente abierta a la posibilidad.